Opinión

Mirar la discapacidad con más cerebro que corazón

Mirar la discapacidad con más cerebro que corazón

La entrada en vigencia de la Ley de Inclusión Laboral este año nos obliga a reflexionar en torno a un abordaje efectivo y responsable de las personas con discapacidad, bajo un enfoque empático y no compasivo, tanto en políticas públicas de salud, como de educación desde la pequeña infancia hasta niveles técnicos y superiores.

La Universidad Católica registra 111 alumnos con discapacidad física o cognitiva integrados a través de su Programa de Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales (PIANE) desde 1991, un desafío evolutivo que incluye no solo accesibilidad en términos de infraestructura, sino también en la malla curricular y una adecuación personalizada en torno a las capacidades individuales. La educación es un derecho de todo ser humano y los avances en cuanto a inclusión efectiva no deben ser considerados más que como un acto de justicia, una deuda social que debe ser saldada.

Gracias al empuje, principalmente de padres con hijos en situación de discapacidad física y cognitiva, los niños hoy son recibidos en todo establecimiento educacional y éste debe garantizar sus adaptaciones a las necesidades de cada alumno y alumna, tanto en accesos, material educativo y personal capacitado. Si bien la realidad aún está lejos de ser la ideal, con cupos limitados de admisión y equipos pedagógicos aún falentes; hemos avanzado mucho como país.

Chile requiere de un trabajo responsable en inclusión educativa, de modo de garantizar la incorporación a un mismo proyecto. No basta con acoger y poner solo corazón, sino también cerebro, en un compromiso sostenible y de calidad, evaluado a lo largo del tiempo por un ente fiscalizador externo.

Al igual que en los espacios laborales, la inclusión educativa debe ser mediada por expertos en educación y en diagnósticos de discapacidad, de forma de colaborar en la construcción del clima social en el entorno educativo, reduciendo temores, inseguridades y prejuicios; y valorando la diversidad como un aporte al desarrollo de toda comunidad.

Para esto, también es importante abordar esta mirada en las carreras de pregrado, en el sello formativo de las nuevas generaciones de educadores y profesionales, que entrarán en marcha en una sociedad más inclusiva, y que por ende requieren de habilidades técnicas propias de cada disciplina y otras transversales que vayan en consecuencia.

Al igual que la comunidad escolar, los padres deben ser parte de la terapia conductual  de un hijo integrado, actuando como facilitadores en terreno, intermediando la adaptación de su hijo en un espacio desconocido, en lo físico y lo social; y para eso los padres deben recibir apoyo y accesibilidad. La coordinación entre los padres, el establecimiento y los equipos de apoyo es de vital importancia.

En la medida que la inclusión sea un tema de agenda pública, la sociedad estará visibilizando una realidad que existe desde siempre y que requiere de un compromiso responsable y sostenible. Necesitamos un Estado y más Fundaciones que generen instancias de capacitación técnica, sensibilización en espacios laborales y acompañamiento de las personas en situación de discapacidad, quienes buscan ser autónomos, con oportunidades reales en la sociedad chilena y una ciudad más amigable.

Lo más visto

To Top

Send this to a friend