Hígado graso: una silenciosa enfermedad

Hígado graso: una silenciosa enfermedad

El hígado graso ―o esteatosis hepática― es una patología en la que se produce una acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en el hígado, provocando un estrés oxidativo, con la formación de radicales libres de oxígeno y la síntesis de sustancias inflamatorias (citocinas) que pueden llevar a la progresión de esta enfermedad, desde la acumulación de grasa (esteatosis) hasta cirrosis.

“Generalmente, el hígado graso es una patología asintomática que se detecta por la realización de exámenes de imágenes abdominales (como ecografías) o por alteración de las transaminasas en chequeos de salud”, destaca el gastroenterólogo de Clínica Ciudad del Mar, Dr. Iván Aguancha.

Esta patología afecta por igual a hombres y mujeres, sobre todo a personas mayores de 45 años y que tienen un índice de masa corporal (IMC) mayor a 28 kg/m2. Asimismo, es frecuente en pacientes con triglicéridos elevados y en presencia de enfermedades asociadas, como la obesidad y la diabetes.

Cómo reconocerlo

Si se pregunta sobre si esta enfermedad aparece de un día para otro, hay que especificar que tiene tiempos diferentes de manifestación, dependiendo del factor que incida en su desarrollo. En este sentido, el consumo de alcohol genera rápidamente hígado graso, a diferencia de lo que ocurre con otros factores metabólicos, como la obesidad y diabetes.

“El consumo de alcohol era considerado como la primera causa del hígado graso y cirrosis; sin embargo, con los malos hábitos nutricionales, las enfermedades metabólicas aumentaron, y hoy la obesidad es considerada como la principal causa de este mal hepático”, recuerda el doctor Aguancha.

Además, comenta que el 75% de los obesos no consumidores de alcohol, con diabetes, resistencia a la insulina y dislipidemia, padecen de esta enfermedad. Otras causas pueden ser condiciones nutricionales (bypass yeyuno-ileal, nutrición parenteral total, ayuno prolongado, entre otros) o medicamentos de uso crónico (corticoides, antinflamatorios, tamoxifeno o metotrexate).

“Hay que tener en cuenta que inicialmente esta condición no presenta síntomas, por lo que es muy importante estar informado al respecto y reconocer los factores de riesgo mencionados para poder tener una actitud preventiva”, enfatiza.

El cuidado y la prevención

El tratamiento del hígado graso consiste en el manejo de la patología metabólica que lo produce, es decir, manejar la obesidad, la dislipidemia, la diabetes y los niveles de insulina, entre otros, además de moderar el consumo de alcohol.

Lo anterior se logra por medio de una dieta equilibrada, rica en vitaminas, fibras y líquido, especialmente agua, y la realización de actividad física.

“Pese a los diferentes estudios que hay hoy en día respecto al hígado graso, aún no hay un tratamiento definido para dicha patología, ya que los resultados con diferentes medicamentos no son concluyentes. Se sabe que en la población diabética, el consumo de medicamentos como la metformina y vitamina E podrían tener efectos beneficiosos”, explica el gastroenterólogo.

Chequeos

Siendo una enfermedad asintomática, es esencial realizar exámenes de chequeos preventivos donde se incluyan las pruebas hepáticas, de modo que se pueda diagnosticar y corregir de manera precoz el hígado graso.

Además, hay que moderar el consumo de alcohol, mantener un peso adecuado, una alimentación balanceada, disminuyendo hidratos de carbono y grasas, y aumentando la actividad física, ya que al disminuir la obesidad, disminuye su incidencia de manera importante.

El especialista indica que todo paciente con variación de las enzimas hepáticas o transaminasas (GOT y GPT) por más de 6 meses debe acudir a un gastroenterólogo para que descarte otras causas de alteración hepática, diferentes a las metabólicas, como son las hepatitis crónicas B y C, enfermedades autoinmunes, enfermedades por depósito de hierro y cobre, entre otras.

Habiendo descartado otras causas de alteración en las pruebas hepáticas, se debe realizar un manejo multidisciplinario de las enfermedades metabólicas, que incluye el tratamiento con nutricionistas, endocrinólogos y gastroenterólogos.

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