Contaminación acústica: ¡ruidos que matan!

La contaminación acústica es la presencia de ruidos y vibraciones en el ambiente que implican molestias, riesgos o daños a las personas y el entorno en el que están. Este problema afecta a la población tanto en la salud como en las relaciones laborales, de ocio y de descanso.

El Dr. Jan Karlsruher, otorrinolaringólogo de Clínica Ciudad del Mar, explica que la contaminación acústica, en casos de alcanzar dosis de ruido muy alto, puede llegar a generar daño acústico agudo. Además, la exposición frecuente, sostenida por años, genera un trauma acústico crónico, lo que puede conllevar a una pérdida de audición progresiva bilateral, similar a la pérdida de la audición por la edad (presbiacusia).

¿Cómo se percibe el sonido?

La intensidad del ruido se mide en decibeles (dB), unidad de medida de la presión sonora. El umbral de audición es de 0 dB (mínima intensidad del estímulo), mientras que el umbral del dolor está en 120 dB. El oído humano tiene capacidad para aguantar cierta intensidad de ruidos. Si estos superan los niveles aceptables pueden llegar a provocar daños al órgano auditivo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una intensidad no mayor a 50 dB en las viviendas y 70 dB en las calles, tomando en cuenta el tráfico y el comercio. Sin embargo, esto suele ser superado por las zonas de alta congestión y por el fuerte volumen de la música o TV a la que la población se ha acostumbrado. Además, está presente la exposición a otros factores, como las discotecas o conciertos, donde el volumen ronda los 90-100 decibeles.

En esta misma línea, la OMS ha señalado que no es aconsejable exponerse mucho tiempo a fuentes de ruido muy altos, pues se pueden desarrollar alteraciones en el bienestar personal, tanto físico como psicológico. “La dosis diaria recomendada siempre va a depender de la intensidad y el tiempo de exposición de cada persona. A mayor intensidad, es menor el tiempo necesario para generar un daño”, explica el especialista.

Consecuencias del ruido en el organismo

En el corto y mediano plazo, los efectos que puede provocar una exposición prolongada a grandes ruidos son psicológicos y físicos, donde destacan el estrés, fatiga, depresión y ansiedad. Además, se desarrollan trastornos de sueño, cefaleas, irritabilidad, dificultad de aprendizaje, alteración de la concentración y atención. Con el tiempo, y si es que no se toman medidas pertinentes, se puede perder la capacidad auditiva ―principal y más reconocido síntoma―, pero también puede haber efectos cardiovasculares, gastrointestinales, predisposición a la violencia y disfunción sexual.

Otro de los efectos más habituales de esta patología es la elevación del umbral auditivo, que implica que para poder escuchar los sonidos es necesario que estos sean más intensos que el promedio habitual. Ante este panorama se recomienda utilizar audífonos, pues los pacientes comienzan a tener problemas de comunicación debido a la pérdida de audición.

El Dr. Karlsruher sostiene que se debe acudir a un especialista cuando hay sospecha de pérdida de audición, ya sea brusca o progresiva, ante la aparición de ruidos en el oído (tinnitus) y/o cuando está el antecedente de exposición a ruido ambiental importante. “Las pérdidas de audición por exposición prolongada a ruido suelen ser irreversibles, por ello es que mientras antes se tomen medidas para controlar este mal, mejor será para nuestra salud”, enfatiza.

Consejos para mejorar la salud auditiva

El especialista manifiesta que lo más importante es tratar de evitar, en lo posible, la fuente emisora de ruido. “Esto puede ser difícil en calles de grandes urbes, pues son zonas de alto tráfico, lo que explica el 80% de la contaminación acústica de las ciudades. Pero si se ponen los esfuerzos necesarios se pueden evitar daños mayores a largo plazo”, declara el Dr. Karlsruher.

Así, el profesional entrega algunos consejos para mejorar la salud auditiva:

  • Considerar la emisión de música o TV a volumen moderado.
  • Evitar actividades ruidosas en horarios de sueño o descanso.
  • Usar tapones en caso de exponerse a ambientes muy ruidosos.
  • Considerar medidas de aislamiento acústico en el hogar, con materiales especiales para paredes y ventanas.
  • Evitar la exposición innecesaria a fuente de ruidos fuertes.
  • Al escuchar música en reproductores personales, preferir los audífonos over-ear o supra-auriculares (tipo fonos).
  • Evitar los gritos y bocinazos.
  • Considerar medidas de protección auditiva para los trabajadores de industrias con fonos y tapones.

 

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