Climate Action Network aboga por metas más ambiciosas en COP21

Climate Action Network aboga por metas más ambiciosas en COP21

Por Felipe Ainzúa Larrañaga.- Como aquel curso de agua que no logramos ver en la superficie, pero que fluye bajo tierra de manera constante y con un sentido claro, las organizaciones ciudadanas están cobrando cada vez mayor fuerza para plantear sus conceptos y puntos de vista con relación a políticas públicas por el medio ambiente.

Acaso conscientes de que ya no es tiempo de esperar que las cosas ocurran por sí solas o que dependan exclusivamente de la voluntad de las autoridades de turno, muchos movimientos han unido fuerzas para abogar por los cambios que estiman necesarios. Es el caso de Climate Action Network, una red de más de 950 entidades en el mundo preocupadas por los negativos efectos del cambio climático.

Samuel Leiva, coordinador regional de Campañas de Climate Action Network Latinoamérica, dice tener un “optimismo prudente” respecto de la Cumbre del Clima (COP21), que se realizará entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre próximos en París. Deja entrever la preocupación que si los planes de acción finalmente son muy tímidos, el problema de fondo no podrá resolverse.

Un buen resultado de las negociaciones en Francia, enfatiza, debería permitir mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5°C antes del 2050, lo que es una meta incluso más exigente que el techo de 2 grados Celsius que plantea la ONU. Se recordará que el secretario general adjunto para el cambio climático de la organización, Janos Pasztor, ha advertido que “si seguimos sin hacer nada la temperatura global podría subir más de 4 grados”.

Leiva sostiene que “los esfuerzos comprometidos (por los países) hasta ahora nos ponen en un escenario de aumento de la temperatura de 2,7°C, lo que debería lograrse solo si los planes se implementan de manera casi perfecta. Pero este es el primer paso. Nuestra labor es justamente asegurar que de aquí al 2020, año en que las medidas deben comenzar a dar frutos, el nivel de ambición sea mayor y los planes de acción climático hayan sido mejorados asegurando el objetivo que el aumento de la temperatura no supere los 1,5°C, lo que permitiría verdaderamente evitar los más graves daños debido al cambio climático”, destaca.

Compromiso de Chile

En Chile, organizaciones ciudadanas y ambientales reunidas en la Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático han planteado sus críticas y sugerencias al gobierno por lo que denominan un compromiso “poco ambicioso” del país con miras a la Cumbre.

Se recordará que nuestro país promete reducir sus emisiones de CO2 por unidad de PIB en un 30% para el año 2030 respecto del nivel alcanzado en 2007. Y, de obtenerse financiamiento internacional, esta meta podría aumentar hasta un 45%. Por otra parte, entre los lineamientos propuestos en la política energética de largo plazo del Ministerio de Energía –que está en proceso de consulta pública hasta el 4 de diciembre de 2015-, se definió la meta al 2050 de, al menos, contar con un 70% de la generación eléctrica nacional proveniente de energías renovables y con un 60% al 2035.

“Nuestro análisis, el cual mandamos a hacer al Instituto Alemán NewClimate, concluye que Chile puede tener reales beneficios por hacer más ambicioso su plan de acción climático si proyecta un 100% de Energías Renovables al 2050. Podría ahorrar US$ 5.500 millones al año debido al ahorro en importación de combustibles fósiles, crear 11.000 empleos en el sector de las energías renovables y evitar 1.500 muertes prematuras al año”, sostiene Leiva.

Por otro lado –agrega- los chilenos tienen conciencia de que el cambio climático es una amenaza real y que está poniendo en riesgo al planeta. Sin embargo, la condición de vulnerabilidad que Chile tiene es aún muy poco conocida.

¿Riesgos en la COP21?

La XXI Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) tiene como objetivo alcanzar un nuevo acuerdo internacional sobre el clima previsto para después de 2020. Esta instancia pondrá a prueba la voluntad real de los países de dar un vuelco histórico para disminuir las emisiones de GEI (especialmente el dióxido de carbono).

Si bien en esta ocasión todos los países se sumarían a este esfuerzo global, persisten dudas sobre todo respecto de qué tanta prioridad al medio ambiente le darán aquellos cuyas economías se basan principalmente en la explotación y venta de hidrocarburos.

Pero Samuel Leiva cree que hoy hay mucho más razones para pensar que el acuerdo está cerca de lograrse basado en el suministro de los planes nacionales de acción para evitar “un aumento de la temperatura global que nos lleve a una instancia de no retorno sobre los efectos más agudos del cambio climático”.

Esta vez –explica- los grandes emisores históricos de gases de efecto invernadero (GEI) como  China, EE.UU., Unión Europea, Rusia, India y Japón también se han comprometido. Por otra parte, “el acuerdo es vinculante jurídicamente basado en las leyes internacionales. El problema sería que no fuera suficiente para lograr su objetivo. En este momento, los compromisos son voluntarios, pero una vez que el acuerdo se ratifique ellos serán obligatorios”.

Sobre si podrían gobiernos de otras tendencias políticas a los actuales anular los compromisos asumidos en la COP21, el ingeniero ambiental afirma que este escenario sería “muy poco probable, debido a que los acuerdos son entre Estados y no están sujetos a tendencias políticas. Puede ser que algún país decida ‘salirse’ del acuerdo como ocurrió con Canadá en relación al Protocolo de Kioto, pero eso en ningún caso es una tendencia”.

A propósito del anterior acuerdo por el clima, hay quienes lo evalúan negativamente e incluso lo catalogan de fracaso, porque las emisiones de GEI siguieron creciendo. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el dióxido de carbono al 2014 había aumentado 143% respecto a los niveles pre-industriales (casi 400 partes por millón, ppm) y la Oficina Meteorológica Británica (Met Office) advirtió que la temperatura media del planeta a fines de 2015 será 1,02 grados más que el promedio previo a la Revolución Industrial.

Sin embargo, Leiva opina que el Protocolo de Kioto fue “un éxito desde la mirada que propició una tendencia mundial hacia la reducción de emisiones, en su trayectoria proyectada, y creó un sinfín de programas con el fin de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que se aprendió de ese ejercicio ha permitido que hoy tengamos la oportunidad de tener un compromiso que si permita lograr el objetivo de la convención”.

Todo está por verse en París. El resultado de las negociaciones no debería dejar a nadie indiferente. Se busca nada menos que evitar grandes desastres para la humanidad y cuidar la vida en el planeta. ¿Convertiremos esta crisis realmente en una oportunidad?

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